Un blog de economía para no economistas

"Ojalá te toque vivir tiempos interesantes", reza una maldición china. Los argentinos sufrimos la maldición de vivir en una economía "interesante". Por eso tenemos que saber más de economía que en otros países.

Para enfrentar la maldición de vivir en una economía "interesante", en este blog encontrarás comentarios, análisis y estadísticas sobre la economía argentina, sin jerga económica innecesaria ni tecnicismos, con rigurosidad analítica pero simpleza en la exposición.

jueves, 16 de junio de 2011

8 tips para analizar la economía en año electoral

En menos de 10 días se definen las candidaturas presidenciales (básicamente, si se presenta o no CFK), lo que puede generar impactos sobre las perspectivas económicas. Mientras tanto, 8 tips para analizar las perspectivas económicas hasta las elecciones, y luego de ellas:

Para pensar la economía hasta las elecciones:
1.- La economía seguirá creciendo.
Es altamente improbable que de acá a las elecciones se revierta el ciclo actual de crecimiento económico. Sí hay indicios de desaceleración: el Índice General de Actividad y el Índice de Producción Industrial, ambos de Orlando Ferreres, y el Índice de Producción Industrial de FIEL se desaceleraron desde finales del año pasado. Esto es consecuencia de que se acabó la parte fácil de la recuperación económica, cuando es posible crecer sólo aumentando el uso de la capacidad instalada de las empresas (para más detalles, ver post “Se acabó la parte fácil de la recuperación económica”). Y no porque “aumentan las bases de comparación al comparar con meses de alta actividad en 2010”, algo muy repetido por muchos economistas pero que no tiene ningún tipo de importancia económica (para más detalles, ver post “Matemática, ¿estás ahí?”).
2.- El consumo seguirá creciendo.
Es altamente improbable que de acá a las elecciones se revierta el crecimiento actual del consumo, ya que continuarán los factores que lo impulsan: mantenimiento de poder adquisitivo de los salarios a pesar de la inflación, desincentivo al ahorro e incentivo al endeudamiento por la inflación. El fuerte “apetito” por el dólar puede frenar algo el consumo, pero su impacto seguramente será bajo.
3.- La inflación está estabilizada, en torno al 23/25%.
En noviembre dejó de crecer la inflación (no los precios, que siguen subiendo). Algunos índices, como el elaborado por la Dirección de Estadísticas de San Luis, muestran reducción de la inflación (29% en diciembre a 23% en abril). No hay riesgo de espiralización hasta las elecciones. Hay “ilusión monetaria” que ayuda a que no se traslade toda la emisión monetaria a inflación (la cantidad de dinero crece casi 40% anual, mientras que el crecimiento de precios y actividad económica apenas suma poco más del 30% anual).
4.- Las expectativas de devaluación y la incertidumbre política están alentando una fuerte salida de capitales.
La fuga de capitales comenzó durante el primer trimestre, pero se profundizó durante abril y mayo. Efecto positivo: reducirá necesidades de emisión monetaria por menor excedente de dólares. Efecto negativo: está frenando a parte del sector inmobiliario (caen las ventas de departamentos). ¿Efecto neutro?: probablemente no frene al consumo.

Para pensar la economía luego de las elecciones:
5.- Todavía no hay un problema de atraso cambiario, y por lo tanto no hará falta una fuerte devaluación luego de las elecciones.
Es cierto que contra Estados Unidos, el tipo de cambio real (el que tiene en cuenta la evolución de los precios acá y en el exterior) está sólo un 13% por encima del nivel de diciembre de 2001, pero contra el Euro está un 75% por encima, contra Brasil un 143% por encima y contra una canasta de monedas (el tipo de cambio real “multilateral”) está un 81% por encima del nivel de diciembre de 2001. Sí será necesario bajar la inflación, para evitar que siga cayendo la competitividad cambiaria (para más detalles, vero post “Política antiinflacionaria para evitar el atraso cambiario”).
6.- La mayoría de los candidatos presidenciales no tiene idea de cómo se frena una inflación del 25%.
Los candidatos presidenciales tienen enfoques antiinflacionarios simplistas: creen que hay inflación por expectativas (todos), lo que se arregla sólo reformando INDEC, y creen que la inflación es por falta de oferta suficiente de bienes (la mayoría), lo que se arregla con más inversiones. Ninguno advierte que una de las claves para reducir la inflación es reducir la monetización de excedentes de dólares. Ni siquiera González Fraga menciona este punto (para más detalles, ver post “Política antiinflacionaria para evitar el atraso cambiario”).
7.- La mayoría de los candidatos presidenciales no tiene mucha idea sobre cómo fomentar el crecimiento.
Ninguno de los candidatos presidenciales menciona modernos enfoques de política industrial. En el extremo, el oficialismo tiene influencias conceptuales negativas: “la Ber Gelbard” que se anunció en estos días piensa en políticas industriales que atrasan 40 años. Corremos alto riesgo de seguir con políticas equivocadas como las restricciones a las importaciones (para más detalles, ver post “Un proteccionismo anacrónico”).
8.- El mundo brinda oportunidades de largo plazo, pero riesgos a corto plazo.
Las perspectivas de fuerte crecimiento de la demanda de alimentos, en especial de proteínas animales, brinda una gran oportunidad para Argentina, pero el corto plazo es muy riesgoso: Europa no logra resolver la situación griega y su impacto sobre el sistema bancario europeo; Estados Unidos no logra hacer despegar la economía y se le complica el frente fiscal; grandes emergentes como China y Brasil corren riesgo de frenar un poco sus economías mientras luchan contra la inflación. Si alguno de estos frentes se complica sustancialmente, Argentina puede sufrir el impacto. Esperemos que no ocurra durante 2012.
……………………
Con estas perspectivas, la próxima administración nacional no asumirá en medio de incendios económicos. Si gana CFK, seguramente veremos políticas erráticas, tanto en el frente inflacionario como en el frente de crecimiento, ya que CFK está escuchando consejos económicos que atrasan varias décadas. Si gana Alfonsín, seguramente veremos políticas económicas poco efectivas durante el primer año o año y medio, con riesgo de inconsistencias entre el pensamiento de González Fraga y el equipo económico radical. Esto no sería una novedad: Raúl Alfonsín tardó más de un año y medio en poner en marcha un plan económico consistente; Menem tampoco acertó de entrada (pasó más de un año y medio hasta el plan de Cavallo); De la Rúa no logró hacer pie nunca. La mayoría de los planes de estabilización desde la década del 50 no ocurrieron durante los primeros meses de gobierno.
En pocas palabras, la próxima administración nacional heredará varios problemas económicos a resolver, pero no asumirá en medio de caos o urgencias económicas. Esto que, es positivo, puede demorar un plan económico que los ataque de manera consistente y efectiva.

lunes, 13 de junio de 2011

Política antiinflacionaria para evitar el atraso cambiario

Al igual que antes de la elección legislativa de 2009, se está produciendo actualmente una importante fuga de capitales, en gran medida por expectativas de devaluación luego de las elecciones. La idea de que el tipo de cambio se está “atrasando” producto de un dólar que sube muy lentamente y precios internos que lo hacen aceleradamente (lo que implica aumentos de costos en dólares o, lo que es lo mismo, pérdida de competitividad cambiaria), y la idea de que un nuevo gobierno (con o sin CFK) tendrá que realizar un ajuste del tipo de cambio, generan estas expectativas de devaluación que se traducen en mayor compra de dólares. ¿Es razonable esperar una fuerte devaluación en los meses siguientes a las elecciones?
Como ya lo he planteado en otras ocasiones (ver el post “¿Cuánto tendrá que devaluar el próximo gobierno?”), la competitividad cambiaria, que se redujo durante la gestión de CFK, es todavía alta a pesar de la elevada inflación de los últimos años ya que las monedas de muchos de nuestros socios comerciales se apreciaron durante los últimos años, lo que nos permitió “devaluar sin devaluar”. Dados los valores actuales de lo que se conoce como tipo de cambio real multilateral (el tipo de cambio con el conjunto de nuestros socios comerciales, ajustado por precios acá y en cada socio comercial), una devaluación del 24.9% (llevar el tipo de cambio a $ 5.15) nos permitiría recuperar la competitividad cambiaria con que arrancó la gestión de CFK. Una devaluación mayor sería injustificable, ya que implicaría un tipo de cambio demasiado alto, impensable en un contexto inflacionario como el actual. El gráfico siguiente muestra de manera clara esta situación.


Una devaluación de esa magnitud sería menor a la que históricamente han tenido que realizar los gobiernos que asumieron en situación de “atraso cambiario”. Recordemos la devaluación del 40% que intentó Duhalde apenas asumió (y que no pudo sostener por muchas semanas). Pero incluso esa devaluación de casi el 25% tampoco será necesaria, ya que la economía no necesita actualmente una competitividad cambiaria tan elevada. En realidad, más que aumentar la competitividad cambiaria, lo que necesitamos es hacer que deje de bajar, es decir, necesitamos reducir la inflación.
Todos los candidatos presidenciales están de acuerdo con que hay que bajar la inflación (excepto, al menos “para la tribuna”, CFK). Pero creo que pocos tienen claro cómo hacerlo. Según un reciente trabajo de CIPPEC (“La insoportable levedad de la economía en la campaña electoral”, de Lucio Castro y Eduardo Levy Yeyati), para Carrió hay que modificar el INDEC y hacer una proyección año a año para reducir la inflación gradualmente; para Duhalde hay que reducir gasto público y subsidios y fomentar la oferta de bienes; para Rodríguez Saa hay que reducir la emisión monetaria y recuperar el INDEC; para Binner hay que aumentar la inversión; y para Alfonsín hay que terminar con la intervención del INDEC y fijar metas intermedias de inflación.
En efecto hay que volver a tener estadísticas confiables de inflación, pero eso sólo no soluciona el problema. Varios candidatos creen que fomentando las inversiones se soluciona el problema, cuando las inversiones agravan el problema, porque son primero más demanda de bienes y sólo luego de que esas inversiones maduran, generan más oferta de bienes. Ninguno menciona a quién le va a dar la responsabilidad de comprar el excedente de dólares comerciales que actualmente compra el BCRA emitiendo pesos. No existe ningún país que haya podido reducir la inflación a un dígito emitiendo dinero a más del 30% anual, y esta alta emisión se debe fundamentalmente a la compra de dólares.
Como argumenté en el post “La política antiinflacionaria de Alfonsín”, la incorporación de Javier González Fraga a la fórmula presidencial del radicalismo le ha dado un poco más de sustancia al discurso económico de Alfonsín. Pero ni siquiera González Fraga ha mencionado qué hará con el excedente de dólares, cuando creo que es la principal definición para estructurar un programa antiinflacionario con chances de éxito.
De todos modos, es probable que ningún candidato adelante demasiados detalles de cómo hará para reducir la inflación, y continúen todos diciendo cosas que suenan bien desde el sentido común, pero que son insuficientes para resolver un problema complejo como el de la inflación. Recién cuando haya presidente electo, y equipo económico en funciones, podremos anticipar mejor cuál va a ser la política antiinflacionaria a ejecutar, y cuáles sus chances de éxito.

jueves, 9 de junio de 2011

La política antiinflacionaria de Alfonsín

Entre las distintas fórmulas presidenciales que se van configurando para las próximas elecciones, la fórmula del radicalismo es la primera que hace públicos planteos bastante concretos de política antiinflacionaria para la próxima administración nacional. Esto es consecuencia de que el candidato a vicepresidente por la UCR, el economista Javier González Fraga, naturalmente está hablando más de economía que de política, a pesar de que ha reiterado que no es él quien manejará la política económica, sino el equipo económico que designe Alfonsín.
Desde hace tiempo, González Fraga plantea que la inflación actual se debe a que:
1.- Las políticas de subsidios aumentan la demanda de bienes y servicios por parte de sectores sociales medios y altos, generando un exceso de demanda.
2.- Las políticas sectoriales, como la política para el sector de la carne, no estimulan la oferta, con lo cual aumenta el problema de exceso de demanda.
3.- La intervención del INDEC hace que las expectativas de inflación no estén coordinadas, lo que tiende a generar más inflación.
Y también argumenta que es posible bajar gradualmente la inflación sin enfriar la economía, algo que viene repitiendo Alfonsín en los últimos días.
Si este es el diagnóstico, lo que deberíamos esperar de un gobierno radical, si es consistente con su discurso, es: una moderación del crecimiento del gasto público, con reducción de los subsidios que benefician a sectores medios y altos; políticas de aumento de oferta, especialmente en sectores agroalimentarios (liberación de trabas a las exportaciones de carnes, por ejemplo), normalización del INDEC y algún programa de metas de inflación que coordine expectativas.
Si bien creo que estos son elementos que deberían estar presentes en el plan económico del próximo gobierno, y coincido con que es posible bajar la inflación sin enfriar la economía, hay un elemento muy importante que González Fraga no está mencionando: quién va a comprar el excedente de dólares que los altos precios de las materias primas siguen generando. Si sigue haciéndolo el Banco Central, seguirá habiendo presiones inflacionarias.
En este sentido, en los últimos meses González Fraga ha argumentado que la política monetaria no es responsable por la inflación que estamos teniendo. De hecho, en una entrevista realizada en marzo, argumenta que la actividad nominal crece al 34% (9% por crecimiento de la actividad y 25% por incremento de precios), mientras que la oferta monetaria crece al 32%, de lo cual infiere la política monetaria está acompañando el proceso inflacionario, más que generándolo. En realidad, la actividad no crece al 9% sino al 7% como máximo, y con esto la actividad nominal crece al 32% en lugar del 34%, mientras que los agregados monetarios están creciendo por encima del 36%, lo que indica que están creciendo más que la inflación y la actividad económica juntos. Pero aún cuando sus números fueran correctos, la pregunta es cómo hará que la emisión monetaria baje para no generar presiones inflacionarias si su principal impulsor es la compra de dólares por parte del BCRA. Como he argumentado en otras oportunidades en el blog (ver post “Cómo evitar la maldición de la soja”), mi opinión es que hay que generar superávit fiscal suficiente para comprar los excedentes de dólares con excedentes fiscales más que con emisión monetaria.
De todos modos, volviendo a la propuesta de González Fraga, moderar el crecimiento del gasto público implica tener la decisión política de hacerlo, y los apoyos necesarios en el Congreso para la aprobación del próximo Presupuesto. Y coordinar expectativas inflacionarias requiere credibilidad y un fino manejo de la política económica. Habrá que evaluar si un gobierno radical lograría tener ambos.

martes, 7 de junio de 2011

Un proteccionismo anacrónico

Días atrás la principal noticia económica eran las restricciones impuestas por Brasil a las importaciones de autos y autopartes de nuestro país, en respuesta a nuestras demoras en la aprobación de licencias no automáticas de importación de productos brasileños. Hoy el principal título en la portada de La Voz del Interior habla de la escasez de juguetes, textiles y electrónicos importados. En ambos casos se trata de algunas de las consecuencias de un proteccionismo que atrasa algunas décadas, pero que todavía es defendido más de lo que sería esperable dada la experiencia internacional al respecto.
Las medidas de protección, como aranceles de importación, cuotas u otros tipos de obstáculos al ingreso de productos importados, generan una asignación ineficiente de los recursos de la economía ya que con ellas se producen bienes a un costo mayor que el costo de importarlos y se dejan de consumir bienes que para los consumidores tienen un valor mayor que el costo que tenían que pagar por ellos. Pero aún con estas ineficiencias, durante muchas décadas este tipo de medidas proteccionistas gozaron de apoyo de políticos y economistas que sostenían que esta era una forma de industrializar la economía, fomentando industrias que luego de cierto periodo de protección podrían volverse competitivas. El fracaso de las políticas de industrialización por sustitución de importaciones en toda Latinoamérica le restó atractivo a este tipo de argumentos.
Quienes defienden este tipo de enfoques proteccionistas de la política industrial seguramente argumentarán que al enfoque neoliberal tampoco le fue muy bien. La clave está en que un país no necesariamente se industrializa de manera espontánea, sin ninguna intervención del Estado, pero tampoco lo hace de manera sostenible a partir de políticas proteccionistas. Economistas como Dani Rodrik y Ricardo Hausmann plantean desde hace varios años un enfoque alternativo para la política industrial, que no tiene nada que ver con el proteccionismo y la sustitución de importaciones, pero implica políticas activas lejos del credo neoliberal. Como comenté en el post El legado metalúrgico y el nuevo paradigma de política industrial, estos economistas argumentan que una política industrial efectiva tiene que detectar en cada actividad económica cuáles son los obstáculos que enfrenta para desarrollarse, y centrar la política industrial en la eliminación de esos obstáculos. Este enfoque permite contribuir a procesos de diversificación productiva, generando producción de alto valor agregado allí donde no la había.
De todos modos, aunque el discurso oficial asociado a las nuevas licencias no automáticas fue del tipo proteccionista, es claro que la principal motivación fue reducir importaciones para apuntalar el saldo de la balanza comercial, es decir, sostener la entrada de dólares comerciales. Con una inflación alta comparada con nuestros socios comerciales y una mayor fuga de capitales, las restricciones a las importaciones son un parche frente a políticas que deberían ir al fondo de la cuestión: reducir la inflación para frenar el proceso de apreciación cambiaria y generar expectativas positivas para reducir la salida de capitales.
Estas restricciones, además de no solucionar los problemas de fondo que están presionando hacia abajo al saldo de la balanza comercial, perjudican otros objetivos de política económica: presionan sobre la inflación (ya que suben los precios de bienes que compiten con las importaciones) y reducen las inversiones en bienes de capital importados, justo cuando necesitamos expandir la capacidad de producción de la economía. Y, como muestra el caso de Brasil, genera perjuicios sobre las industrias exportadoras cuando nuestros socios comerciales nos responden con reciprocidad, poniendo trabas a nuestras exportaciones. Demasiadas contraindicaciones para una medida que no fue muy resistida por las principales entidades empresarias del país.

lunes, 30 de mayo de 2011

Entrevista en Punto a Punto

A continuación, la entrevista que me hizo Punto a Punto y que publicó la semana pasada en su Guía 2011 de inmobiliarias, desarrollistas y constructores, sobre las perspectivas del sector inmobiliario y desarrollista:

1.- ¿Las mediciones para la Ceduc, qué tendencia están marcando para el mediano plazo?
Las mediciones del Índice de Ventas de Inmuebles de Córdoba, que elabora MKT para la CEDUC, todavía no marcan una tendencia clara para el mediano plazo ya que recién este mes completaremos 12 meses seguidos de medición, y el mes próximo ya tendremos más de 12 meses, con lo cual podremos hacer comparaciones interanuales. De todos modos, por el análisis que estamos haciendo de los resultados y de un conjunto amplio de variables sectoriales y macroeconómicas, creo que es muy probable que las ventas del sector inmobiliario muestren relativamente bajo crecimiento hasta las elecciones, pero sin que esto modifique una tendencia de mediano y largo plazo hacia la inversión en inmuebles como refugio seguro para los ahorros.

2.- ¿En función de los datos, qué tipo de productos son los más demandados? Crees, como economista, que si hubiera financiamiento para la clase media, habría una modificación de ese perfil? ¿Hacia qué productos?
En los últimos meses observamos menos dinamismo en las ventas de departamentos y más dinamismo en las ventas de lotes. Mi hipótesis es que las primeras están más influidas por el mayor posicionamiento en dólares que se está produciendo (por eso subió el dólar marginal en las últimas semanas), y que seguramente seguirá produciéndose hasta las elecciones, mientras que las segundas están menos influidas por esos aspectos financieros y más por otras motivaciones relacionadas con la vivienda propia para individuos de clase media y media alta con cierta capacidad de ahorro. También puede estar influyendo la menor rentabilidad de las inversiones en departamentos (subieron muchos los costos en dólares, y no tanto los precios), que hace más atractiva la construcción de casas y dúplex.
Si hubiera financiamiento para la clase media seguramente la demanda se desplazaría un poco de departamentos a casas. Con financiamiento a bajo costo para clase media, el circuito normal implicaría ahorros que van a los bancos y bancos que otorgan créditos hipotecarios; sin ese financiamiento, los ahorros van directamente a inmuebles que luego se alquilan a los que de otro modo los comprarían con créditos hipotecarios. Es decir, los fondos terminan llegando a los inmuebles, pero salteando el sistema financiero, y cambiando quién termina siendo el propietario. Pero este segundo circuito seguramente está más sesgado a departamentos, considerados más fáciles de alquilar que una casa.

3.- ¿Cómo ve es el panorama entre los desarrollistas? ¿Hay incertidumbre por las elecciones? O esta vez predomina la idea de que con un dólar planchado y tasas negativas el ladrillo logrará seguir ganando?
Las elecciones generan incertidumbre. Hay proyectos listos para arrancar, que seguirán en el “freezer” hasta que pasen las elecciones. Y la actual evolución del dólar y los precios no beneficia al sector desarrollista, ya que implica una baja rentabilidad por costos en dólares que suben más de lo que suben los precios. Para ponerle números a este fenómeno: desde enero de 2005, el costo de construcción en dólares subió 140%, mientras que los precios de inmuebles (también en dólares) subieron en Córdoba sólo el 63%. Esto implica que un proyecto que tenía en 2005 una rentabilidad alta de, por ejemplo, el 40%, ahora debería tener una rentabilidad más ajustada, de sólo el 15%. Si esto comienza a corregirse, no será antes de 2012.

4.- ¿Cuánto pesa la inflación en el sector? Puede haber proyectos que se frenen o lo más frecuente es la salida de aquellos desarrollistas que no eran tradicionalmente de la actividad...
Pasan las dos cosas. Con la fuerte caída de rentabilidad de los últimos 3 ó 4 años, han salido del sector muchos desarrollistas incipientes, sin experiencia previa, a los cuales la actividad les resultaba atractiva entre 2003 y 2007, ya que los altos niveles de rentabilidad compensaban casi cualquier ineficiencia, pero esto ya no ocurre de 2008 en adelante. Pero también está complicando a desarrollistas con experiencia, que tienen que afinar la puntería con cada proyecto. Por ejemplo, ya es muy difícil hacer rentable un proyecto en Nueva Córdoba, porque los márgenes que deja la construcción ya no compensan el alto costo de la tierra en esa zona. Por eso todos los desarrollistas están buscando tierras más baratas en otras zonas de la ciudad.

5.- Los datos marcan que el ladrillo es la opción de inversión en la que más confían los argentinos..., ¿hasta cuándo hay posibilidad de que siga creciendo teniendo en cuenta que también el mercado de los alquileres ve reducida su rentabilidad? ¿O es una alternativa que supera esa alternativa?
Creo que el ladrillo seguirá siendo una opción atractiva para muchos inversores, dado que la confianza en el sistema bancario y financiero se pierde rápido (como lo hemos hecho en Argentina en varias oportunidades) pero se recupera muy lentamente. Además, no todas las inversiones inmobiliarias tienen baja renta: las oficinas tienen en general baja renta en Córdoba pero los departamentos una renta “normal” del 5% anual y los locales comerciales pueden llegar al 7% anual en dólares.

6.- El sector reclama desde hace tiempo al gobierno líneas hipotecarias para el sector medio, ¿es el subsidio de la tasa el camino? ¿qué otra posibilidad imaginas?
Con una inflación del 25% anual es imposible hacer funcionar un mercado hipotecario, porque la cuota es impagable. Bajemos la inflación al 5% (no es imposible, la mayor parte del mundo sabe hace tiempo cómo hacerlo), y luego sí veamos mecanismos que den un empujón adicional, subsidiando tasa para algunos segmentos, o destinando fondos para financiar a largo plazo a los bancos, por ejemplo, con fondos del sistema jubilatorio invertidos en cédulas hipotecarias en lugar de títulos públicos.

7.- ¿Cuánto sería hoy, a tu criterio, la cuota promedio que pueden afrontar los argentinos medios para comprar una casa, en qué plazo?  Es la falta de relación entre ingresos y pagos los que los deja afuera del mercado....
En el Gran Córdoba hay actualmente unos 24,000 hogares que alquilan la vivienda en la que residen, tienen un tamaño familiar compatible con un departamento, y están en condiciones de pagar una cuota similar a la que pagan quienes están accediendo a los planes de ahorro para vivienda que se han multiplicado desde el año pasado en Córdoba. Y en el Gran Río Cuarto, por ejemplo, hay otros 3,000 hogares en esas condiciones. Más que la relación entre ingresos y precios de inmuebles, lo que los deja afuera del mercado son las condiciones financieras (tasas y plazos). Por ese motivo se están vendiendo en Córdoba tantos planes de ahorro para vivienda.

lunes, 23 de mayo de 2011

Entrevista en el Puntal

La edición de hoy del Puntal de Río Cuarto publica una entrevista muy interesante que me hizo la semana pasada el periodista Gonzalo Dal Bianco. A continuación la entrevista:

“La inflación está favoreciendo políticamente al Gobierno”
Con la suba de precios lejos de escaparse de las manos y con salarios que no pierden poder adquisitivo, el economista aseguró que Cristina se encamina hacia una elección con una economía sin sobresaltos
Con la inflación al 25% y los salarios siguiéndola de cerca, por ahora la situación económica nacional no impactará negativamente en las pretensiones electorales del oficialismo. Eso es lo que destacó el economista cordobés Gastón Utrera, quien además señaló que al Gobierno el esquema le cierra porque aparece como quien defiende a la población del proceso inflacionario fogoneado por el sector empresario.

“La inflación es alta, pero desde hace varios meses está estabilizada en torno al 25% anual, lo que implica que no está descontrolada como algunos economistas temían que pudiera ocurrir”, explicó.

¿Es positivo saber cuánto será la inflación aunque sea alta?

Es bueno ante la alternativa de tener una inflación alta y descontrolada. Es malo porque sigue siendo muy alta en términos internacionales. Dilma Rousseff está muy preocupada por la inflación en Brasil y es del 6%. De todas maneras, tener información sobre la inflación es cada vez más complicado porque las consultoras sufren la ofensiva de Moreno y las multas. Pero todo indica que la inflación no se está descontrolando y si bien los precios suben, lo hacen a un ritmo estable.

Tampoco la inflación generó un freno en el consumo y en la actividad económica como se temía...

No, es cierto. Eso fue también el temor de algunos economistas. Y creo que no va a ocurrir este año. Porque so pasa cuando se genera un atraso en los salarios y una pérdida del poder adquisitivo que en general no está ocurriendo. Los salarios le vienen siguiendo el ritmo a la inflación, y no sólo aquellos en blanco, sino que ahora también lo hacen los de los trabajadores en negro. El comercio fue en abril el sector de la economía que más creció y eso tiene que ver con que los trabajadores no pierden poder adquisitivo y que la inflación alienta a gastar cualquier tipo de excedente, y además hay disponibilidad de créditos para el consumo.

Cristina tiene un horizonte económico despejado para ir a la elección.

Va a llegar, desde el punto de vista económico, con una situación altamente favorable como es con el consumo creciendo y la gente consumiendo.

¿Y el resto de la actividad?

Es diferente. Sigue creciendo pero lo hace a tasas más moderadas. Entre mitad de 2009 y mitad de 2010 creció al 7,5% anual y a partir de ahí lo hace a poco más del 4%.

¿Por qué se da esa desaceleración?

Es consecuencia de que la economía ya no tiene la capacidad ociosa que tenía al salir de la crisis. En cualquier recuperación existe el primer tramo más simple que es utilizando la capacidad existente dada por inversiones anteriores. Cuando eso se agota, es necesario contar con nuevas inversiones para seguir creciendo. Podríamos decir que en agosto del año pasado terminamos la primera etapa, cuando se agotó la capacidad instalada y recuperamos el nivel de actividad previo a la recesión. A partir de ahí pasamos al terreno del crecimiento propiamente dicho. Es razonable que ahora crezca a una tasa menor.

¿Puede haber algún cambio en este panorama de acá a las elecciones?

La inflación difícilmente se vaya de las manos. En parte porque ocurre un fenómeno de mayor posicionamiento en dólares de algunos inversores y ahorristas. En el primer trimestre del año hubo una mayor salida de capitales de la que tuvimos en igual período del año pasado, es decir, hubo más demanda de dólares. En la medida que eso ocurra, paradójicamente le quita necesidad de emitir dinero al Banco Central. El principal motivo por el que el Central viene emitiendo dinero en los últimos años es porque compra muchos dólares para evitar que el tipo de cambio baje. Compra dólares y coloca pesos en el mercado.

¿Aparecieron competidores del Central en la compra de dólares?

Exactamente, entonces tiene menos necesidad de emitir pesos. Y es probable que compense la fuerte emisión de los últimos meses. Si analizamos los agregados monetarios con respecto a  un año atrás vemos que está 35% arriba y eso genera presión inflacionaria.

¿Puede bajar el nivel inflacionario entonces?

No, es probable que se mantenga en los niveles actuales. Y si el contexto internacional se mantiene favorable con altos precios de los commodities, Brasil creciendo aún con el cortocircuito generado ahora, es muy difícil revertir el actual ciclo expansivo de la economía. Las perspectivas son positivas pese a la inflación y a un cierto atraso cambiario. Pero por suerte el dólar ahora está débil y eso, en cierto modo, es como devaluar sin devaluar. El trabajo sucio de ajustar los números de la competitividad cambiaria lo terminan haciendo otros por nosotros. Para chocar la economía hay que esforzarse y mucho.
Obviamente el contexto puede cambiar, pero por ahora no hay señales de que eso pueda ocurrir.

¿Sí es probable que se pueda aprovechar el contexto mejor de lo que se lo hace?

Se lo podría aprovechar muchísimo mejor. Que tengamos una tasa de pobreza que se ubica cerca del 30%, según las consultoras privadas, después de ocho años de fuerte crecimiento es que no aprovechamos del todo las oportunidades que tuvimos. Deberíamos estar pulverizando la pobreza, mejorando en los rankings de educación y no tener los problemas de toma de tierra que se vieron en Buenos Aires.

Además de la emisión monetaria, ¿qué otras causas alientan la inflación?

Es un problema multicausal. Pero por un lado hay motores de la inflación: el de las políticas monetaria, cambiaria, y fiscal. Los que estuvieron funcionando a altas revoluciones en Argentina fueron los dos primeros. Al haber un gran ingreso de dólares por el valor de los commodities, genera que alguien tenga que comprar ese excedente. Y hay 3 formas de contrarrestar la apreciación del tipo de cambio: dejarlo que se aprecie como hizo Brasil; evitarlo con la compra de dólares del Tesoro Nacional, como Chile hizo con los excedentes del cobre; la otra es la argentina, donde se hace intervenir al Banco Central, que es emitiendo pesos y generando inflación. Al tratar de mantener el tipo de cambio alto con la política monetaria, y no a través del Tesoro, genera inflación.

Pero hay otros factores que influyen...

Sí, pero una vez que se generó ya la inflación. Allí aparecen factores que le dan inercia inflacionaria como las pujas salariales y las expectativas. Por eso hay que tener en cuenta ambos factores. Es impensado que algún sindicato cierre acuerdos por debajo del 25%. Lo que no quiere decir que sólo se generen por expectativa o por la puja salarial. Eso no se da en ningún lugar del mundo. El origen está en los motores.

¿Cuál es la conveniencia del Gobierno de mantener este esquema inflacionario?

Es un negocio político interesante. Si se dan jubilaciones y subsidios y la inflación les licúa el poder adquisitivo, le permite al Gobierno salir a anunciar aumentos, culpando de las subas a los empresarios. Y, además, al no reconocerla oficialmente, aumenta la recaudación y no paga mayores intereses porque los títulos están indexados por inflación. Y no lo perjudica electoralmente porque los salarios aumentan junto a la inflación. Si es electa Cristina, seguramente tendrá que trabajar para bajarla.

¿Se lo puede mantener eternamente?

Se lo puede mantener en la medida en que algunas variables se ajusten a ese ritmo como el tipo de cambio. Si el tipo de cambio se ajusta muy poco con precios que suben al 25% sí es inconsistente.

¿Para bajar la inflación hay que enfriar la economía?

Esa es una falsa disyuntiva asociada a la idea de que para crecer mucho hay que hacerlo con altas tasas de inflación y para no tener inflación hay que crecer poco. Hay infinidad de países que con inflación baja crecen mucho y durante mucho tiempo. Fogonear el consumo sirve cuando hay mucha capacidad ociosa, cuando se sale de la recesión. Pero cuando se agota la capacidad instalada, mantener esa política sólo genera inflación. Hay que expandir la oferta.

“Córdoba tiene posibilidades enormes”

Utrera destacó que el contexto mundial le da tanto a Córdoba como a Río Cuarto un gran horizonte de crecimiento. “Más allá de todas las correcciones que deberían hacerse en la economía, Argentina tiene una posibilidad muy grande y en ese contexto Córdoba y Río Cuarto la tienen también. El mundo hace tres décadas que demanda de manera muy fuerte alimentos y un tipo particular como las proteínas animales. Eso, porque hay un conjunto de países asiáticos que vienen creciendo mucho y vienen sacando a millones de personas de la pobreza y las economías cuando se desarrollan pegan un salto en la demanda de proteínas. Aumenta sustancialmente la demanda de carne.

Por eso Argentina y Córdoba tienen un potencial grande si utilizan parte de los granos en engordar ganado. Actualmente no lo hace y se dedica casi exclusivamente a exportar los granos para que otros engorden ganados y transformen las proteínas. En particular el interior tiene perspectivas de generar excedentes agropecuarios que terminan derramando en otros sectores de la economía”, destacó el economista.

El sector inmobiliario se prepara para recibir otro fuerte envión

“Algo que se está comenzando a ver fuerte otra vez en Río Cuarto es un derrame muy grande hacia el sector inmobiliario. La inversión es muy atractiva por el elevado riesgo que tienen otras alternativas, especialmente para pequeños y medianos. Esos ven más riesgosa una inversión financiera o bancaria”, explicó Gastón Utrera.

Cuando la cosecha gruesa está llegando a su fin con los últimos lotes de maíz y los números se acercan nuevamente al récord, la posibilidad de un fuerte ingreso de divisas a la zona es nuevamente un hecho.

“Hubo en los últimos años temor por la posible saturación del mercado inmobiliario, pero es altamente probable que eso no ocurra porque en realidad hay una demanda final que se sostiene, por el modo en que Argentina canaliza ahorro a viviendas”, señaló Utrera. Para el economista, en gran parte del mundo el esquema lógico es que “hay alguien que tiene ahorros, que los deposita en un banco y esa entidad lo presta como crédito hipotecario para que otra persona que lo necesita lo adquiera y se transforme en propietario de vivienda. En Argentina el sector bancario es tan chico, en términos relativos es un décimo del chileno, que quien tiene ahorro en vez de depositarlo para que el banco lo preste para vivienda, lo invierte directamente en ladrillos y luego lo alquila a quien lo necesita”, explicó. Entonces, se termina canalizando el ahorro hacia la vivienda pero sin el sector financiero y cambiando al propietario de la casa. “Ese mecanismo va a seguir durante mucho tiempo porque el sector financiero tardará muchísimo en recuperar la confianza, pero además porque un mercado de crédito hipotecario es prácticamente imposible de desarrollar con inflación alta. Quien necesita la vivienda no la puede comprar a través de un crédito hipotecario, quien tiene los ahorros la compra y decide alquilarla. Eso lo hace sustentable al proceso de inversión inmobiliaria actual”, aseguró Utrera.

En este marco, el especialista destacó que Río Cuarto tiene una oportunidad importante “y por eso vemos algunos desarrollistas que hacen pie en la ciudad con proyectos interesantes. Es claramente el polo natural de atracción de esos excedentes para canalizarlos al sector inmobiliario. Para los productores de toda esta región es más atractivo invertir acá que en Córdoba o Rosario. Río Cuarto tiene además el potencial de absorber esa inversión con desarrollos inmobiliarios importantes”, destacó.

Los permisos de edificación en esta ciudad en comparación con Córdoba, y aun siendo en términos de tamaño poblacional, el 11 o 12 por ciento de la Capital provincial, fueron en los años de precios altos de commodities equivalentes hasta el 30 por ciento del total de la ciudad de Córdoba.

“Es altamente probable que en términos de desarrollo inmobiliario haya varios proyectos en marcha hacia adelante. De hecho hay una demanda insatisfecha que dará lugar a eso. En el gran Río Cuarto hay unas 3.200 familias que alquilan y están en condiciones de pagar una cuota al estilo de las que pagan en ciudad de Córdoba en esquemas de ahorro. Y hay otras 7 mil familias que aún teniendo casa propia tienen margen para invertir en este tipo de proyectos”, concluyó Gastón Utrera.
Gonzalo Dal Bianco


sábado, 7 de mayo de 2011

Economía en 5 minutos

En este post de Economía en 5 minutos, un análisis de los 3 fenómenos clave para pensar la economía argentina hasta las elecciones: la desaceleración de la actividad económica, la estabilización de la inflación (no de los precios) y la mayor demanda de dólares.

Diálogos Económicos

Periodista. Gastón, hace tiempo que no hablábamos.
Gastón Utrera. Así es.
P. ¿Cambiaron muchas cosas desde la última vez?
GU. No muchas. Los problemas de la economía argentina siguen siendo básicamente los mismos, con más incertidumbre por el hecho de estar ya en un año electoral, incertidumbre que se refleja en la mayor compra de dólares y la suba del dólar marginal. Sin que se acelere la inflación, como muchos temían, pero con una desaceleración de la economía.
P. ¿Cómo es esto? ¿La economía dejó de crecer?
GU. No, la economía sigue creciendo. Pero lo hace a tasas menores, tal como advertí hace varios meses que ocurriría. A comienzos de noviembre escribí un post en el blog que se llamó “Se acabó la parte fácil de la recuperación económica”, en el cual argumentaba que, habiéndose recuperado durante agosto del año pasado el nivel de actividad económica previo a la recesión, a partir de ese momento se iniciaba la etapa difícil del crecimiento económico, refiriéndome a la etapa en la cual para crecer aceleradamente hace falta invertir fuertemente. Con lo cual era esperable una menor velocidad de crecimiento.
P. ¿De cuánto estamos hablando?
GU. Para poner números simples: si entre mitad de 2009 y mitad de 2010 el crecimiento de la actividad económica equivalía al 7.5% anual, desde mediados de 2010 hasta ahora ese crecimiento se redujo al equivalente al 2.5% anual. De continuar ese ritmo durante el resto del año, el crecimiento de 2011 no llegará al 4%.
P. ¿A pesar de que Brasil y China siguen creciendo fuertemente?
GU. A pesar de eso. Y a pesar de los altos precios de las materias primas.
P. ¿Y cómo se explica esto? Tenía entendido que con una demanda externa fuerte, la economía tiene que crecer mucho.
GU. Esto se explica porque ya no tenemos restricciones de demanda agregada, como teníamos mientras salíamos de la recesión, sino restricciones de oferta agregada, como ocurre cuando la capacidad ociosa es muy baja en la mayoría de los sectores. Con restricción de demanda agregada, más demanda externa (en realidad, más demanda de cualquier tipo) genera más actividad económica, pero con restricción de oferta agregada, más demanda genera inflación, sin aumentar la actividad económica.
P. ¿Qué debería hacer entonces el Gobierno con la política económica?
GU. Por un lado, debería bajar el ritmo de crecimiento de la demanda agregada (desacelerar el crecimiento del gasto público y bajar el ritmo de emisión monetaria) para moderar las presiones inflacionarias y, por el otro, estimular la oferta agregada, con medidas como la reducción de impuestos al trabajo, la eliminación de trabas para importar o exportar, la generación de confianza para que aumenten las inversiones privadas, el aumento de la inversión en energía e infraestructura. Es decir, medidas que fomenten la producción, en lugar de fomentar la demanda.
P. ¿Hay chances de que el Gobierno haga algo de eso hasta las elecciones?
GU. Creo que no. Lo más probable es que sigamos viendo más de lo mismo hasta las elecciones.
P. Volviendo entonces a la actividad económica. Escuché estos días a algunos economistas hablar de que el crecimiento es alto, de casi el 7% en el caso de toda la economía, y del 9% en el caso de la industria. Un economista cordobés dijo que la industria ya no crece al 14% anual, pero todavía crece a una tasa alta del 9%.
GU. Yo también escuché lo mismo, en boca de muchos economistas. Es un error en la interpretación de los datos. Quienes hacen referencia a esos números, están analizando lo que se conoce como variaciones interanuales, es decir, cómo es la producción actual en comparación con un año atrás. Y efectivamente, la producción actual es mucho más alta que hace un año, tanto en el caso de la producción industrial como de la producción total. Pero eso no indica a qué velocidad está creciendo la actividad económica, sino sólo cuánto creció en los últimos 12 meses. Lo que importa son las variaciones mes a mes, y estas han bajado en las magnitudes que mencioné. Para usar una figura muy ilustrativa, mientras la mayoría de los economistas mira el espejo retrovisor (las variaciones interanuales), yo miro el velocímetro (las variaciones mes a mes).
P. Ahora entiendo. La actividad económica es alta, pero está creciendo poco.
GU. Así es. De todos modos, creo que la economía llegará bastante bien a la elección presidencial. Una situación inmejorable para Cristina.
P. ¿Pero no puede perjudicarla la elevada inflación?
GU. Probablemente no, porque la inflación no es actualmente la principal preocupación de la gente, por un motivo muy simple: aunque es alta, no causa mucho daño en los consumidores porque los salarios, en general, le están siguiendo el ritmo a la inflación, y le están ganando a la inflación en amplias franjas de trabajadores, en especial los que están en blanco bajo convenio.
P. De todos modos, esta inflación afecta mucho la competitividad cambiaria, ya que con dólar planchado, estos aumentos de precios implican aumentos en dólares.
GU. Lo que ocurre es que el dólar ha estado haciendo el trabajo sucio de compensarnos la elevada inflación que tenemos. Me explico: devaluamos poco y tenemos más inflación que el resto del mundo, pero muchas monedas se han apreciado con relación al dólar y, por lo tanto, nuestra moneda se ha depreciado contra ellas. Es como si hubiéramos devaluado, pero sin devaluar.
P. Escuché esta semana que la muerte de Bin Laden podría beneficiar a Argentina, por un mayor crecimiento de Estados Unidos, por menor precio del petróleo.
GU. Creo que muchos se apresuraron en pronosticar mejoras en la economía estadounidense por ese episodio inesperado. De hecho, pocas horas después del anuncio, Juan Turello me preguntó por qué no escribía sobre ese tema en mi blog. La verdad es que no se me había ocurrido que pudiera ser interesante, desde el punto de vista económico visto desde Argentina. Y después comprendí por qué: la muerte de Bin Laden genera un efecto difícil de predecir, ya que puede bajar o aumentar el riesgo de nuevos atentados, dependiendo de cuán fuerte haya quedado Al Qaeda. La impresión inicial fue que esto bajaba al riesgo de nuevos atentados (el “mundo más seguro” de Obama), pero luego de pocas horas comenzó a percibirse que el efecto podría ser el opuesto. De hecho, países desarrollados han aumentado sus medidas de seguridad.
P. ¿Entonces no es probable que se aprecie el dólar?
GU. No como tendencia sostenida. Creo que la actual política monetaria estadounidense pesa más que cualquier evento relacionado con la guerra contra el terrorismo. Con tasas de interés tan bajas y tanta inyección de liquidez, es difícil que se fortalezca el dólar.
P. Seguimos teniendo suerte entonces.
GU. Totalmente. Sin la depreciación del dólar en los últimos meses, estaríamos mucho peor en términos de competitividad.
P. De todos modos, parecen haber aumentado las expectativas de devaluación.
GU. Creo que sí. Ha aumentado el interés por el dólar. Ya pasó antes de la elección legislativa de 2009, cuando salían muchos capitales por expectativas de devaluación, que se revirtieron durante los meses posteriores a la elección. Si ocurrió antes de aquella elección, con un dólar más caro en términos relativos, es más probable aún que ocurra este año, cuando el dólar llega con menos poder adquisitivo, y es lógico que los inversores piensen que algo tendrá que hacer el Gobierno luego de las elecciones.
P. Esperemos que la salida de capitales no sea muy grande.
GU. Esperemos, aunque paradójicamente, una salida de capitales disminuye la necesidad de emisión monetaria para comprar dólares y, por lo tanto, reduce las presiones inflacionarias. Pero a eso lo dejemos para otra charla.