Un blog de economía para no economistas

"Ojalá te toque vivir tiempos interesantes", reza una maldición china. Los argentinos sufrimos la maldición de vivir en una economía "interesante". Por eso tenemos que saber más de economía que en otros países.

Para enfrentar la maldición de vivir en una economía "interesante", en este blog encontrarás comentarios, análisis y estadísticas sobre la economía argentina, sin jerga económica innecesaria ni tecnicismos, con rigurosidad analítica pero simpleza en la exposición.

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sábado, 23 de julio de 2011

Diálogos Económicos


Periodista. El viernes hablaste en el desayuno de coyuntura económica de Punto a Punto.
Gastón Utrera. Si. Como todos los meses, fue una actividad muy interesante. Ayudan el lugar, ya que estos desayunos se realizan en una sala rodeada de vinos en el restaurante Goulu, los asistentes, todos empresarios y ejecutivos de distintos rubros de actividad, y la realidad económica, que en Argentina brinda siempre motivos de sobra para este tipo de reuniones. Y en estos momentos, Estados Unidos y Grecia también dan mucho para hablar.
P. Imagino que habrás dedicado gran parte de la charla a los problemas de Estados Unidos y Europa.
GU. No. Al contrario. Dejé estos temas para el final, para poner foco en las perspectivas económicas de Argentina hasta las elecciones, y luego de ellas. No comparto lo que hacen muchos economistas, que dedican una desproporcionada cantidad de tiempo en sus presentaciones a detalles irrelevantes sobre la economía internacional, por una falsa pretensión de sofisticación analítica. Desde el punto de vista de un empresario o ejecutivo operando en Argentina, como es el caso de los asistentes a estos desayunos, no importan detalles sobre quién y cómo pagará la fiesta griega. Importa, en cambio, lo que pueda ocurrir en términos macroeconómicos y su impacto potencial sobre nuestra economía.
P. Con ese enfoque para los temas internacionales, no te debe haber resultado fácil el análisis de lo que está ocurriendo con Grecia, y especialmente con Estados Unidos, ya que estamos en medio de definiciones importantes. De hecho, mientras hablabas en ese desayuno, se rompía el diálogo entre los republicanos y la Casa Blanca.
GU. Por supuesto que no es fácil. Pero obviar el análisis sobre qué puede ocurrir con Estados Unidos y Grecia es dejar afuera elementos muy relevantes para nuestra economía. Sobre Estados Unidos, mi argumento fue que la sangre no llegará al río. Republicanos y demócratas están en medio de una dura negociación por quiénes pagarán el ajuste que requiere el Congreso para aumentar el límite de endeudamiento público. Los republicanos no quieren aumentos de impuestos y sí fuertes recortes de gasto social; los demócratas quieren menos recortes de gastos, y más aporte de las familias ricas a través de impuestos. El ala más dura de los republicanos está dispuesta a ir en la negociación hasta el borde del abismo, y por eso es que todavía no ha habido acuerdo. Pero creo que finalmente lo habrá, antes del límite del 2 de agosto, ya que nadie querrá quedar como responsable de un default totalmente evitable.
P. Pero, ¿no están acercándose demasiado al abismo?
GU. Por supuesto. Quedan muy pocos días para resolver esta situación. Y, cuando los negociadores son tan duros que nadie cede mientras ambos van acercándose al abismo, aun cuando las dos partes tengan claro que no quieren el desastre, alguien puede pisar mal y la caída al abismo es inevitable. Por eso la preocupación actual. Pero si tuviera que apostar, apostaría a que llegará el acuerdo antes del 2 de agosto. El mercado ya está apostando, y apuesta por el acuerdo. Por eso las tasas tan bajas de rendimiento de los bonos del Tesoro, incompatibles con expectativas de default.
P. Aún con aumento del límite de endeudamiento, de todos modos la situación económica de Estados Unidos no será fácil.
GU. Coincido. La actividad económica estadounidense no termina de despegar, el aumento del empleo es todavía débil, y el ajuste fiscal no ayuda, ya que reduce la demanda agregada. De todos modos, el ajuste fiscal sumado a la expansión monetaria que seguramente continuará haciendo la Reserva Federal para agregarle combustible a una economía que trabaja a bajas revoluciones, actuarán ambos debilitando al dólar. Esto favorece a nuestra economía, ya que reduce la pérdida de competitividad que genera nuestra inflación mayor a la del resto del mundo.
P. ¿Y con Grecia? ¿Qué ocurrirá?
GU. Las medidas tomadas el jueves por la Unión Europea descomprimen la situación, porque mejoran el perfil financiero de Grecia, a partir de nuevos fondos, alargamiento de plazos y menores tasas de interés, aunque generan algunos problemas potenciales por la parte que recae sobre los tenedores privados de títulos griegos, que tendrán que cambiar sus bonos por otros de condiciones más favorables para Grecia. Esto se parece mucho a un default, y por lo tanto implicará reducciones en las calificaciones crediticias. Pero en conjunto, las decisiones son buenas. De todos modos, esto no solucionará los problemas económicos griegos. Grecia continuará en problemas hasta que la UE le encuentre la vuelta para sumar a los planes de salvataje medidas que faciliten la reconstrucción económica griega. Inversiones directas, fondos de ayuda para reconversión productiva y otras medidas que requieren más creatividad que ortodoxia. Además de una política monetaria más expansiva, con menos tasas de interés y más debilitamiento del euro.
P. ¿Y entonces? ¿Es bueno o malo el contexto internacional para Argentina?
GU. Creo que es bueno. Ya mencioné cómo nos ayuda la debilidad del dólar, que además del impacto sobre nuestra competitividad cambiaria apuntala los precios de las materias primas. Y, mientras Estados Unidos no entre en crisis, y Europa no colapse, aun cuando ambas economías continúen anémicas de crecimiento, el crecimiento del mundo emergente proporciona un contexto muy favorable para Argentina. Con China y Asia en general, y Brasil y el resto de Latinoamérica, todos creciendo a tasas importantes, el escenario es bueno.
P. De modo inverso a tu exposición en el desayuno de Punto a Punto, ya hablamos mucho de contexto internacional. ¿Cómo podríamos sintetizar las perspectivas económicas de Argentina hasta las elecciones?
GU. Sintetizaría del siguiente modo: la actividad económica continuará creciendo, de tal modo que el año cerrará con un crecimiento en el rango del 5.5% (si la actividad económica se estanca en el nivel actual) al 6.5% (si la actividad económica continúa creciendo a la velocidad que trae desde hace un año). Lo mismo ocurrirá con el consumo. La inflación puede bajar algunos puntos porcentuales más, finalizando el año en torno al 20%, algo impensado hace algunos meses atrás. Y el dólar no pasará los $ 4.30. El BCRA tiene instrumentos suficientes para lograrlo (venta de dólares al contado, venta de dólares a futuro, suba de tasas de interés en pesos).
P. ¿Y luego de las elecciones?
GU. Como es mi costumbre, en el desayuno del viernes no le escapé al tema. Por el contrario, dije varias cosas al respecto. Pero lo dejo para que lo leas el próximo miércoles, cuando salga la cobertura del desayuno en la edición papel de Punto a Punto.

sábado, 7 de mayo de 2011

Diálogos Económicos

Periodista. Gastón, hace tiempo que no hablábamos.
Gastón Utrera. Así es.
P. ¿Cambiaron muchas cosas desde la última vez?
GU. No muchas. Los problemas de la economía argentina siguen siendo básicamente los mismos, con más incertidumbre por el hecho de estar ya en un año electoral, incertidumbre que se refleja en la mayor compra de dólares y la suba del dólar marginal. Sin que se acelere la inflación, como muchos temían, pero con una desaceleración de la economía.
P. ¿Cómo es esto? ¿La economía dejó de crecer?
GU. No, la economía sigue creciendo. Pero lo hace a tasas menores, tal como advertí hace varios meses que ocurriría. A comienzos de noviembre escribí un post en el blog que se llamó “Se acabó la parte fácil de la recuperación económica”, en el cual argumentaba que, habiéndose recuperado durante agosto del año pasado el nivel de actividad económica previo a la recesión, a partir de ese momento se iniciaba la etapa difícil del crecimiento económico, refiriéndome a la etapa en la cual para crecer aceleradamente hace falta invertir fuertemente. Con lo cual era esperable una menor velocidad de crecimiento.
P. ¿De cuánto estamos hablando?
GU. Para poner números simples: si entre mitad de 2009 y mitad de 2010 el crecimiento de la actividad económica equivalía al 7.5% anual, desde mediados de 2010 hasta ahora ese crecimiento se redujo al equivalente al 2.5% anual. De continuar ese ritmo durante el resto del año, el crecimiento de 2011 no llegará al 4%.
P. ¿A pesar de que Brasil y China siguen creciendo fuertemente?
GU. A pesar de eso. Y a pesar de los altos precios de las materias primas.
P. ¿Y cómo se explica esto? Tenía entendido que con una demanda externa fuerte, la economía tiene que crecer mucho.
GU. Esto se explica porque ya no tenemos restricciones de demanda agregada, como teníamos mientras salíamos de la recesión, sino restricciones de oferta agregada, como ocurre cuando la capacidad ociosa es muy baja en la mayoría de los sectores. Con restricción de demanda agregada, más demanda externa (en realidad, más demanda de cualquier tipo) genera más actividad económica, pero con restricción de oferta agregada, más demanda genera inflación, sin aumentar la actividad económica.
P. ¿Qué debería hacer entonces el Gobierno con la política económica?
GU. Por un lado, debería bajar el ritmo de crecimiento de la demanda agregada (desacelerar el crecimiento del gasto público y bajar el ritmo de emisión monetaria) para moderar las presiones inflacionarias y, por el otro, estimular la oferta agregada, con medidas como la reducción de impuestos al trabajo, la eliminación de trabas para importar o exportar, la generación de confianza para que aumenten las inversiones privadas, el aumento de la inversión en energía e infraestructura. Es decir, medidas que fomenten la producción, en lugar de fomentar la demanda.
P. ¿Hay chances de que el Gobierno haga algo de eso hasta las elecciones?
GU. Creo que no. Lo más probable es que sigamos viendo más de lo mismo hasta las elecciones.
P. Volviendo entonces a la actividad económica. Escuché estos días a algunos economistas hablar de que el crecimiento es alto, de casi el 7% en el caso de toda la economía, y del 9% en el caso de la industria. Un economista cordobés dijo que la industria ya no crece al 14% anual, pero todavía crece a una tasa alta del 9%.
GU. Yo también escuché lo mismo, en boca de muchos economistas. Es un error en la interpretación de los datos. Quienes hacen referencia a esos números, están analizando lo que se conoce como variaciones interanuales, es decir, cómo es la producción actual en comparación con un año atrás. Y efectivamente, la producción actual es mucho más alta que hace un año, tanto en el caso de la producción industrial como de la producción total. Pero eso no indica a qué velocidad está creciendo la actividad económica, sino sólo cuánto creció en los últimos 12 meses. Lo que importa son las variaciones mes a mes, y estas han bajado en las magnitudes que mencioné. Para usar una figura muy ilustrativa, mientras la mayoría de los economistas mira el espejo retrovisor (las variaciones interanuales), yo miro el velocímetro (las variaciones mes a mes).
P. Ahora entiendo. La actividad económica es alta, pero está creciendo poco.
GU. Así es. De todos modos, creo que la economía llegará bastante bien a la elección presidencial. Una situación inmejorable para Cristina.
P. ¿Pero no puede perjudicarla la elevada inflación?
GU. Probablemente no, porque la inflación no es actualmente la principal preocupación de la gente, por un motivo muy simple: aunque es alta, no causa mucho daño en los consumidores porque los salarios, en general, le están siguiendo el ritmo a la inflación, y le están ganando a la inflación en amplias franjas de trabajadores, en especial los que están en blanco bajo convenio.
P. De todos modos, esta inflación afecta mucho la competitividad cambiaria, ya que con dólar planchado, estos aumentos de precios implican aumentos en dólares.
GU. Lo que ocurre es que el dólar ha estado haciendo el trabajo sucio de compensarnos la elevada inflación que tenemos. Me explico: devaluamos poco y tenemos más inflación que el resto del mundo, pero muchas monedas se han apreciado con relación al dólar y, por lo tanto, nuestra moneda se ha depreciado contra ellas. Es como si hubiéramos devaluado, pero sin devaluar.
P. Escuché esta semana que la muerte de Bin Laden podría beneficiar a Argentina, por un mayor crecimiento de Estados Unidos, por menor precio del petróleo.
GU. Creo que muchos se apresuraron en pronosticar mejoras en la economía estadounidense por ese episodio inesperado. De hecho, pocas horas después del anuncio, Juan Turello me preguntó por qué no escribía sobre ese tema en mi blog. La verdad es que no se me había ocurrido que pudiera ser interesante, desde el punto de vista económico visto desde Argentina. Y después comprendí por qué: la muerte de Bin Laden genera un efecto difícil de predecir, ya que puede bajar o aumentar el riesgo de nuevos atentados, dependiendo de cuán fuerte haya quedado Al Qaeda. La impresión inicial fue que esto bajaba al riesgo de nuevos atentados (el “mundo más seguro” de Obama), pero luego de pocas horas comenzó a percibirse que el efecto podría ser el opuesto. De hecho, países desarrollados han aumentado sus medidas de seguridad.
P. ¿Entonces no es probable que se aprecie el dólar?
GU. No como tendencia sostenida. Creo que la actual política monetaria estadounidense pesa más que cualquier evento relacionado con la guerra contra el terrorismo. Con tasas de interés tan bajas y tanta inyección de liquidez, es difícil que se fortalezca el dólar.
P. Seguimos teniendo suerte entonces.
GU. Totalmente. Sin la depreciación del dólar en los últimos meses, estaríamos mucho peor en términos de competitividad.
P. De todos modos, parecen haber aumentado las expectativas de devaluación.
GU. Creo que sí. Ha aumentado el interés por el dólar. Ya pasó antes de la elección legislativa de 2009, cuando salían muchos capitales por expectativas de devaluación, que se revirtieron durante los meses posteriores a la elección. Si ocurrió antes de aquella elección, con un dólar más caro en términos relativos, es más probable aún que ocurra este año, cuando el dólar llega con menos poder adquisitivo, y es lógico que los inversores piensen que algo tendrá que hacer el Gobierno luego de las elecciones.
P. Esperemos que la salida de capitales no sea muy grande.
GU. Esperemos, aunque paradójicamente, una salida de capitales disminuye la necesidad de emisión monetaria para comprar dólares y, por lo tanto, reduce las presiones inflacionarias. Pero a eso lo dejemos para otra charla.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Diálogos Económicos

Periodista. Gastón, escribiste sobre varios temas esta semana.
Gastón Utrera. Así es. Han sido varios los temas económicos interesantes esta semana.
P. Por ejemplo, las ocupaciones de espacios públicos y privados en distintos lugares del país, arrancando por el parque Indoamericano de la Ciudad de Buenos Aires.
GU. Efectivamente. Un problema con aspectos económicos y sociales muy importantes. En lo social, esto debería hacernos reflexionar acerca de cómo, con un contexto internacional excepcional que ya lleva 8 años, no logramos mejorar radicalmente nuestros problemas sociales, como lo son la pobreza y la falta de vivienda. Hoy lo plantea muy bien Enrique Szewach en Ámbito Financiero: los argentinos tendemos a analizar la pobreza como si fuera consecuencia de una catástrofe natural, en lugar de ser lo que es, una consecuencia de las políticas que ejecutamos.
P. ¿Y en lo económico?
GU. Justamente de uno de los aspectos económicos de este fenómeno me ocupé en un post esta semana. Se trata del fenómeno de la inconsistencia temporal de las políticas públicas. Hay inconsistencia temporal cuando el paso del tiempo hace que pierda sentido cumplir con las promesas realizadas. Un ejemplo que todo el mundo comprende fácilmente es el de las moratorias impositivas. Dado que la existencia frecuente de moratorias impositivas genera fuertes incentivos a no pagar los impuestos a la espera de que al menos parte de los mismos sea condonada por la próxima moratoria, todos los gobiernos están interesados en anunciar la última moratoria impositiva, prometiendo que a futuro no habrá más moratorias y, por lo tanto, no habrá más remedio que pagar los impuestos. Pero una vez que la moratoria pasó, y se acumulan deudas impositivas, el gobierno nuevamente tendrá interés en anunciar una moratoria (siempre la última) para aumentar la recaudación. Percibiendo esta inconsistencia temporal, los contribuyentes se ven incentivados a no pagar, lo contrario de lo que pretende incentivar el gobierno.
P. ¿Y qué relación tiene esto con las ocupaciones de las que hablábamos?
GU. Que el fenómeno de la inconsistencia temporal también está presente en los episodios de ocupación de los últimos días. Ningún gobierno quiere desalojar por la fuerza predios ocupados, porque el descontrol de la situación puede tener efectos impredecibles, con un costo político potencialmente elevado. Con lo cual existe el incentivo a realizar ocupaciones. Por lo tanto el gobierno negocia ahora para desactivar el conflicto actual, pero pone la semilla para nuevos conflictos a futuro. Para evitarlo, anuncia que la próxima vez impedirá ocupaciones por la fuerza pero, dado que cuando eventualmente ocurran esas ocupaciones, el gobierno nuevamente tendrá el incentivo a negociar, el anuncio de desalojos futuros no es creíble. En jerga económica, el anuncio tiene inconsistencia temporal. Por eso los gobiernos nacional y de la ciudad de Buenos Aires anunciaron esta semana que a futuro no habrá ayuda fiscal para vivienda ni planes sociales para quienes realicen ocupaciones.
P. ¿Funcionará esta medida?
GU. No lo sé. Por lo pronto, hay dos predios que siguen ocupados, en Villa Lugano y Retiro. Espero que funcione, porque de lo contrario es alto el riesgo de que el problema se reactive en distintos puntos del país.
P. Escribiste también sobre el riesgo de hiperinflación.
GU. Si, para argumentar que actualmente ese riesgo es bajo. Me llamó la atención cómo en las últimas semanas muchas personas me preguntaron lo mismo, acerca de si era posible que la actual inflación desembocara en una hiperinflación. En línea con lo que el gurú Nouriel Roubini dijo en Buenos Aires hace algunas semanas, cuando afirmó que la inflación argentina está descontrolada. Creo que se trató de una expresión desafortunada de alguien que no sabe mucho sobre la economía argentina.
P. ¿Por qué considerás que el riesgo de una hiper es bajo actualmente?
GU. Porque para llegar a una hiper hay que recorrer un camino bastante largo. Las hiperinflaciones se producen cuando se potencian dos efectos explosivos: la desmonetización de la economía y la licuación del poder adquisitivo de los ingresos públicos.  A medida que la economía se desmonetiza (los agentes económicos “huyen” de la moneda doméstica por las pérdidas que les genera la inflación al licuar los pesos que tengan en su poder), cada peso de emisión monetaria tiene un impacto inflacionario mayor. Y a medida que crece la inflación, más rápido se licúa el poder adquisitivo de la recaudación impositiva entre el momento en que se devengan los impuestos y el momento en que los cobra el Estado. Esto aumenta el déficit fiscal y, por lo tanto, las necesidades de emisión monetaria para financiarlo.
P. Pero parece razonable que con una inflación que el año próximo puede llegar al 30% anual se desencadenen esos efectos.
GU. Puede parecer razonable, pero no es correcto. De hecho, de 10 episodios en la historia argentina en los cuales cruzamos el umbral del 30% anual de inflación, en 1 sólo de ellos la inflación se descontroló y terminó en hiperinflación. En los otros 9 episodios la inflación volvió a estar por debajo del 30% anual en pocos meses o, a lo sumo, en pocos años.
P. También escribiste algo sobre la actividad económica.
GU. Si. La publicación esta semana de los datos de actividad económica y actividad industrial de Orlando Ferreres me llevó a revisar lo que había escrito durante las semanas anteriores sobre la pérdida de ritmo del crecimiento observada entre mayo y octubre. Hecha esta constatación de que la actividad económica, incluyendo la actividad industrial, estaba perdiendo ritmo, había argumentado que la mejora del contexto internacional había llegado justo en el momento preciso para dar nuevo impulso a la actividad económica. Los datos de Ferreres, especialmente los de actividad industrial, que muestran un fuerte repunte en noviembre, son consistentes con aquella observación.
P. Me enteré de que el viernes pasado diste una conferencia.
GU. Efectivamente. Expuse en un desayuno organizado por el Centro de Formación Profesional en Contact Center, invitado por Marcelo Bechara.
P. Supongo que te habrás enfocado en algunas de las cuestiones que estuvimos hablando.
GU. Me enfoqué básicamente en las perspectivas de inflación y actividad económica para 2011. Los temas que más he analizado en el blog en las últimas semanas.
P. Seguro que te preguntaron qué perspectivas tiene el sector de los contact center, en un contexto de fuerte caída de la competitividad cambiaria.
GU. Como era de esperar, me hicieron esa pregunta. Fue Marcela Pistarini, de Infonegocios, quien la formuló. Respondí que las perspectivas hasta las elecciones son de pérdida de competitividad cambiaria, por dólar planchado con alta inflación en Argentina y baja inflación en el resto de Latinoamérica. No es un buen escenario para los contact center. Dije también que creo que el sector tiene que enfocarse en pasar de lo que se denomina Business Process Outsourcing a lo que se denomina Knowledge Process Outsourcing. Pasar de exportación de servicios básicos a exportación de servicios profesionales, para los cuales Córdoba debería tener una buena ventaja comparativa por la abundancia de profesionales y estudiantes de distintas disciplinas. Se trata de una propuesta que está elaborando el Consejo para la Planificación Estratégica de Córdoba.
P. Te vi también en la presentación del Índice Barrial de Precios.
GU. Estuve en esa presentación. Es un grupo de estudiantes de la UNC que armó un proyecto para calcular el valor de la canasta básica alimentaria en barrios humildes de la ciudad de Córdoba, utilizando metodología comparable con la de INDEC.
P. ¿Comparable con la metodología de INDEC? ¿No está fuertemente cuestionada?
GU. En realidad el problema de los índices de precios de INDEC no es de índole metodológico. El problema es de distorsión de los datos. La metodología de los índices de precios está, y estará siempre, bajo análisis y discusión, porque se trata de un tema complejo. Pero las discusiones metodológicas tienen que ver con ajustes muy finos, de pocos puntos porcentuales. Cuando tenés una inflación del 30% anual y el índice oficial marca menos de 10%, el problema no es metodológico. Es un problema “artístico”: puro dibujo numérico.
P. ¿Y entonces para qué vino el FMI?
GU. Supongo que el gobierno lo convocó para ganar tiempo y evitar una sanción por parte del Directorio del Fondo. Pero de ninguna manera lo llamó para solucionar el problema de la falta de credibilidad de los índices de precios. El FMI sólo puede aportar lo que ya tenemos: metodología y expertise técnico para armar los índices. Y no puede aportar justamente lo que nos falta: veracidad en los datos de precios que relevamos. Como dijo hoy el economista Juan Pablo Nicolini en Ámbito Financiero: pedir ayuda al FMI para elaborar índices de precios es como pedirle a un brasileño que nos enseñe a hacer asado.
P. Está buena la frase.
GU. Un poco exagerada, pero me pareció ocurrente para graficar mi argumento.
P. Entonces nos olvidamos por un tiempo de índices oficiales de precios creíbles.
GU. Definitivamente.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Diálogos económicos

Periodista. Gastón, ayer estuviste en una cena hablando de economía. Planteaste un escenario relativamente optimista.
Gastón Utrera. Si. Anoche estuve en la última cena del año del grupo que coordinan mis amigos Alfredo Pessini y Eduardo Burdisso. Estuvo muy interesante. Yo hablé de economía y Sebastián Santiago contó cosas muy piolas sobre la experiencia de Grido. Me impresionó mucho cuando contó que, para salir de una situación económica difícil y vender más cucuruchos (lo que fabricaban en ese momento) decidieron . . . ¡hacer crecer el mercado de los helados! Así nació el modelo de negocios de Grido. Impresionante. Pero me estoy desviando del tema. Efectivamente, mi planteo fue que la economía tiene problemas, como la elevada inflación, pero no estamos cerca de una crisis y tampoco de una inflación descontrolada. Y esto es muy positivo, dada la historia de crisis económicas y explosiones inflacionarias de Argentina.
P. Me contaron que pusiste énfasis en los factores a los cuales el gobierno equivocadamente atribuye las “tensiones de precios”, el eufemismo que utiliza Boudou para no hablar de inflación, y en los distintos tipos de políticas de estabilización.
GU. Efectivamente. Si bien hice alguna referencia al contexto internacional y la situación de Europa, dediqué más tiempo a las cuestiones que mencionás. Son temas que los lectores de mi blog conocen bien, porque escribí bastante sobre esto en los últimos días. Anoche expliqué por qué es equivocado argumentar que se puede reducir la inflación con más inversiones de las empresas y por qué es equivocado atribuir la inflación a la existencia de sectores concentrados.
P. Y hablábamos también del tema de las políticas de estabilización.
GU. Ah, si. Concretamente expliqué la diferencia entre los programas ortodoxos, que se enfocan en las políticas cambiarias, monetarias y fiscales; los programas heterodoxos, que además de lo anterior, se ocupan de los factores que generan inercia inflacionaria, como las expectativas, la puja distributiva y los mecanismos de indexación; y los programas populistas, que se enfocan sólo en estos últimos aspectos, haciendo fracasar el programa de estabilización por no atender debidamente las presiones inflacionarias generadas por las políticas macroeconómicas. Dí ejemplos de cada uno: la tablita cambiaria de Martínez de Hoz como ejemplo de programa ortodoxo (que fracasó), el Plan Austral en sus inicios como ejemplo de programa heterodoxo (que fue exitoso para bajar rápido la inflación sin costo en términos de nivel de actividad) y el Plan Austral en su final (un fracaso), como ejemplo de un programa populista.
P. Imagino que habrás hecho este análisis para decir algo acerca de la política económica actual. Supongo que te habrás jugado diciendo en qué tipo de política de estabilización podrías ubicar a la política actual.
GU. Me parece que no me jugué mucho, porque dejé la puerta abierta. Claramente no se trata de un programa ortodoxo, ya que arranca con anuncios de acuerdos de precios, típica medida orientada a trabajar sobre la inercia inflacionaria, pero no sobre la política macroeconómica. Pero resta dilucidar si estamos frente a un plan heterodoxo (acuerdos de precios con políticas macroeconómicas moderadas) o de un plan populista (acuerdos de precios con políticas macroeconómicas expansivas). Hasta ahora, pocas señales que alienten la expectativa de un programa heterodoxo.
P. El jueves parece que fue un día movido para vos, ya que antes de la cena de la que estamos hablando hiciste la presentación del Índice de Ventas de Inmuebles de Córdoba, con la CEDUC.
GU. Es así. El jueves por la mañana presentamos el Índice, que es parte de un proyecto muy ambicioso de la CEDUC para generar estadísticas sectoriales, algo inédito en Córdoba. Es uno de mis proyectos preferidos, no sólo porque es muy original y genera información de alta calidad y de mucha utilidad, sino también porque es posible gracias a un esquema muy ingenioso que diseñamos para garantizar la confidencialidad de la información.
P. ¿Cómo es eso? Me interesa.
GU. Estábamos frente a un problema difícil de resolver. Todos los empresarios de la CEDUC estaban muy interesados en conocer los números del mercado, pero ninguno quería aportar sus números. Lo cual justamente hace imposible que existan los números de mercado que les interesa. Planteado el problema, se nos ocurrió una idea muy ingeniosa: utilizamos un software de formularios electrónicos autoadministrados y construimos un conjunto de cuentas de mails que nos permiten triangular los flujos de información. Nosotros enviamos los links para el formulario electrónico a estas cuentas y estas cuentas redireccionan hacia la cuenta personal de cada empresario socio de CEDUC. El empresario entra al link que recibe, contesta el formulario (en menos de 3 minutos) y la información se carga automáticamente en una base de datos en nuestros servidores. Yo tengo todos los datos individuales, pero no sé a quién corresponde cada uno; la CEDUC sabe a quién redirecciona cada mail (con lo cual puede hacer el reclamo, o la “presión”, a quienes no hayan respondido), pero no tiene los datos individuales. Cierra perfecto. La confidencialidad está garantizada no sólo por nuestro compromiso sino fundamentalmente porque nadie sabe qué respondió cada empresario. Y esto destrabó el problema que impedía tener estadísticas del sector.
P. Muy ingenioso. Supongo que seguirán midiendo todos los meses.
GU. Por supuesto. En estos momentos estamos en plena medición, como ocurre durante la primera quincena de cada mes. A mitad de diciembre tendremos los datos correspondientes a noviembre. Ahí veremos si se confirma lo que estamos viendo.
P. ¿Qué están viendo?
GU. Que las ventas de inmuebles no muestran una tendencia muy clara, en línea con lo que está ocurriendo con la actividad económica general. Pero es probable que esto repunte. Me refiero tanto a la actividad económica general como a la venta de inmuebles.
P. Me llamó la atención que esta semana, en un post en el blog, planteás que la actividad económica no muestra una tendencia clara.
GU. Es así. Creo que estamos frente a un freno de la economía que nadie está mencionando. De todos modos, como comenté en el blog, creo que la mejora del contexto internacional (excepto lo que está ocurriendo en Europa) llega en el momento justo para reactivar un poco la economía. Y el boom de consumo que creo ocurrirá este mes, seguramente va a dar un poco de impulso económico.
P. Tendremos mucho para analizar en las próximas semanas.
GU. Sin dudas.